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sábado, 12 de diciembre de 2015

'Tú no vas al extranjero a comprar un niño pero ellos los están vendiendo'. Entrevista Daniela Fejerman, directora película "La Adopción".

La directora de cine Daniela Fejerman fue en 2009 a Ucrania para adoptar. Aquella experiencia la decidió convertir en la que es su primera película de corte dramático'La adopción'. Tras el estreno está recorriendo el país en una serie de pases especiales donde a través de coloquios otros padres también comparten sus vivencias al respecto.

«Qué hacer con la película tras el estreno no es algo que pienso», señala risueña, «lo que me interesa es que pueda tener un recorrido y generar este debate posterior». «Y son muy ricos», añade. Alicante es la tercera parada de este recorrido.

«Cuando tengo que hablar de ello con desconocidos es curiosamente que estoy notando la parte de exposición [personal]», cuenta. Cuando escribía el guión, junto a Alejo Flah, decidieron que lo mejor era centrarse en el aspecto creativo y tomar distancias, «ahí no me lo planteaba».

Nora Navas y Francesc Garrido son los dos protagonistas. «Con ellos no teníamos la sensación de que interpretaban un alter ego», recuerda, «esto no los hubiera permitido trabajar». Sí notaba, reconoce, «que podía contar los personajes con una claridad que en otras ocasiones no tengo». 

Si bien la película se centra en los trámites que siguen en un país del Este que no ha querido concretar, Fejerman destaca que «nos interesa la pareja y cómo afecta esta dinámica a la relación». En principio, Navas es la más frágil y angustiada mientras que Garrido es el resolutivo. Luego, los papeles se invertirán.

En la construcción del relato «aunque hay partes del relato que recogen lo mío, operábamos como guionistas». Evitando el sentimentalismo, «cuando tratas con niños necesitados y padres ansiosos el riesgo está pero mi referente era tan duro que no cabía». El coguionista lo entendía perfectamente «y él tiraba del thriller». 

De ahí que decidieran, al usar algunas de las historias que les narraron, reducir el tono, como en una visita inicial a un orfanato. «Escribir determinadas escenas o pensarlas me revolvía y me sigue pasando, más ahora que no tengo que trabajar la película», confiesa. «No me arrepiento de contarlo, al contrario. Las reacciones de la gente implicada, aunque las historias de adopción son muy diferentes, se reconocen, y eso me importaba».

«La intención no es desanimar a la adopción pero sí alertar de la oscuridad y corrupción de algunos procesos», puntualiza. Y aclara: «Tú no vas a comprar un niño pero tal y como está montado el sistema están jugando con ellos, los están vendiendo».

De ahí que tuvieran «el cuidado de presentar los dilemas morales, no de juzgarlos de forma maniquea». Por eso incluyen frases como la del personaje de la traductora, Lila, que dice 'venís de un país rico, os estáis aprovechando de la pobreza del mío'. «Se está justificando y la estamos entendiendo», apunta, «presentando las contradicciones morales».

(Fuente: www.elmundo.es) Fechado 18-11-2015

En busca de un hijo. (Artículo sobre Adopción)


No deja de resultarme chocante en el caso de Asunta, la niña asesinada hace dos años, que fueran sus padres los que decidieran acabar con ella. Hay madres y padres asesinos, los hay, pero cuando se conoce, por experiencia propia o por la de amigos, la angustia que conlleva un proceso de adopción casi todos los finales resultan posibles menos el de truncar una vida que se ha deseado tanto. Es como si una mujer que se hubiera sometido a uno de esos desestabilizadores tratamientos hormonales para quedarse embarazada tratara luego de librarse de la criatura que tanto le costó concebir. Los psiquiatras no se cansan de repetir el diagnóstico: la maldad existe, no hay que cederle todos los actos inexplicables que puede cometer un ser humano a la locura. Cierto. Pero estremece pensar que aquella madre, Rosario, y aquel padre, Alfonso, que en su día asistieron a las charlas que habrían de prepararles para alcanzar el certificado de idoneidad, los mismos que hubieron de someterse a análisis médicos y psicológicos, viajaron a China con una comprensible ansiedad, se trajeron a la criatura en el camino de vuelta y habituaron su hogar para que se convirtiera en el entorno saludable en el que habría de crecer una niña, esa pareja, sería la misma que la envenenaría durante meses como tratamiento previo para un final fatal. Más sorprendente aún parece porque la pareja Porto-Basterra tuvo suerte y su hija creció sana y destacó en el colegio por ser una niña brillante y aplicada. Para colmo, la no confesión de culpabilidad de los sentenciados ha convertido el caso en un enigma, porque si hay algo que necesitamos los seres humanos son explicaciones: confesión y arrepentimiento.

Estoy convencida de que nadie se habrá quedado más perplejo ante este siniestro asesinato que los padres y madres que atravesaron el difícil camino de la adopción. Dado que con frecuencia se suele viajar en grupo, la pareja será recordada, con más aprensión incluso, por aquellos que viajaron junto a ellos a por sus niñas al otro lado del mundo. Son dos años como mínimo en un proceso plagado de incertidumbre y angustias. Eso es lo que cuenta Daniela Fejerman en una admirable película, La adopción, que acaba de estrenarse y que corre el peligro de pasar de puntillas si no nos damos prisa en recomendarla. Daniela ha construido una historia que conoce bien porque ella misma viajó con su pareja hace siete años a Ucrania. Fueron dos meses entre Kiev y Lugansk que pusieron a prueba el amor de la pareja y la esperanza de conseguir aquello por lo que habían dejado aparcados la vida y el trabajo. La experiencia diaria ofrecía a menudo situaciones tan disparatadas y desesperantes que Daniela fue animada por sus amigos a escribir todo aquello que estaba viviendo. Se trataba de la tensión entre el deseo desesperado de ser padres y estar dispuestos a tragar con lo que fuera y la marrullería de los intermediarios que trataban de sacar provecho de esos extranjeros que viajaban a su país para cumplir un sueño al que habían dedicado demasiado tiempo como para volverse a casa con las manos vacías.

Daniela no rodó la historia en Ucrania sino en Lituania, en Vilnius, una ciudad majestuosa que ha flexibilizado sus condiciones para rodar, convirtiéndose, como sucede entre Canadá y EE UU, en una digna sustituta de cualquier ciudad rusa o ucraniana. El rodaje tuvo una visita de lujo, la del hijo que Daniela había adoptado años atrás, el niño que hoy tiene ocho años y miraba todo aquello con asombro. Trataba, le había adelantado su madre, de toda la aventura que tienen que correr unos padres para buscar a un niño que les está esperando. Meses más tarde, el crío vio ya la película montada. La observó en silencio, con mucho interés, viendo cómo los actores, los estupendos Nora Navas y Francesc Garrido, padecían y se desesperaban por conseguir llevarse a casa a ese niño al que visitaban en un orfanato los días de Navidad de 2009. El niño de la directora era un espectador asistiendo al comienzo de su vida. Cuando la película terminó, preguntó: “¿Y es verdad que papá se peleó?”.

Se peleó, sí, y perdió la paciencia. Ella la mantuvo. Y regresaron hace siete años con una criatura que se aferró a ellos para no soltarlos. Esa experiencia en la que se basa la película de Fejerman contenía elementos de película de suspense. O de cuento de Navidad tan pesadillesco como el del señor Scrooge de Dickens. La historia de La adopción tiene un final, pero no es el definitivo: el final le corresponderá contarlo al propio niño adoptado cuando sea adulto. Es doloroso pensar que el último y prematuro capítulo de la vida de Asunta, tras un viaje tan proceloso de inicio, lo escribieran los encargados de velar por ella. El único consuelo que nos queda es pensar que se trata de una maldad excepcional.

(Fuente: El Pais)

miércoles, 11 de noviembre de 2015

El cuento de Navidad kafkiano de Daniela Fejerman

La cineasta argentina Daniela Fejerman se emociona al hablar de su película. Después de meses de escritura, búsqueda de financiación, rodaje y postproducción, todavía se le humedecen los ojos. Porque La adopción es una ficción basada en su propia experiencia de adopción en Ucrania. Con Nora Navas y Francesc Garrido en el reparto, y la participación de TVE, La adopción se estrena el 13 de noviembre en salas.

Fejerman pasó junto a su pareja dos meses en Ucrania envueltos en un laberinto burocrático que parecía no tener salida. “Siempre lo digo: era como estar viviendo dentro de un cuento de Navidad contado por Kafka”. Buscaba vías de escape halando con amigos como el guionista y director Alejo Flah. “Me decía: Ya verás como con el tiempo lo verás con distancia, hablarás sobre elle sin problemas”.

Dicho y hecho. El propio Flah fue el elegido par coescribir La adopción y, de alguna manera, tomar distancia de sus vivencias. Rodada íntegramente en Lituania, es la primera incursión de Fejerman en el drama tras dos comedias: A mi madre le gustan las mujeres (2002) y Semen, una historia de amor (2005).

"Cuando la película empieza, la pareja llega con mucha ilusión, pero llegan con mucho vivido: llevan años de tratamiento y han intentado tener un hijo de todas las formas", explica la directora sobre el planteamiento. "Piensan que llegan para culminar un proceso, pero se encuentran que no es el final, es el comienzo de una aventura que les mete en un terreno desconocido para el que no están preparados".

Ese terreno son las complicaciones de los organismos encargados de facilitarles la adopción. Primero mostrándoles niños con graves enfermedades y luego siendo tentados por un mercado negro que ofrece agilizar trámites. Todo en un idioma que no conocen y desconfiando hasta de su traductor. Situaciones que ponen a prueba a una pareja que llega con las mejores intenciones.

“Es horrible. Cuando te ves ahí, en caliente, enfrentado a la existencia de niños con problemas. ¿Qué hago? ¿Dónde pongo la frontera? Te sientes como una especia de médico genésico que va allí a elegir”, recuerda Fejerman.

La adopción, que fue ovacionada en el último Festival de Valladolid, funciona por la honestidad de Fejerman al narrar sin sentimentalismos y por el gran trabajo interpretativo de Navas y Garrido. "Son grandes actores y tenían que crear su personaje: el saber que había una raíz personal les aportaba mucho compromiso, pero también libertad".

La tensión acumulada explota en la relación de la pareja protagonista. “En situaciones de estrés extraordinario es fácil que salgan cosas que no conoces, y también que asomen conflictos que en una pareja se tapan porque provocan conflictos. Y entonces salen como reproche o acusación”.

Coproducción entre España y Lituania, Fejerman no cita Ucrania y sitúa la acción en un país indeterminado. La directora explica que necesitaba nieve para el clima opresiva y, felizmente, la encontraron contra pronóstico. Quizá era un augurio que recuerda que las lágrimas de Fejerman también son las de un buen final feliz.

(Fuente: RTVE.es)