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sábado, 3 de diciembre de 2016

Adopciones, "historias de valientes con mucho amor".

Olvido Macías es periodista y madre de dos hijos biológicos y dos adoptivos. Presenta su libro 'Vidas Unidas', en el que narra la historia de 22 familias adoptivas. En él, las familias cuentan el encuentro con sus hijos, los momentos buenos y los menos buenos; pero, sobre todo, es un libro que trata sobre la postadopción.

Por Patricia Velasco:

¿Qué le motivó a hacer este libro?

En principio, porque soy madre adoptiva de dos niños. Tengo dos hijas biológicas y dos adoptados (niña y niño). Otro motivo es que echaba de menos que hubiese testimonios en primera persona de padres adoptivos que tratasen el tema de la postadopción. Al principio todo es maravilloso, pero eso va cambiando y hay interés por saber sobre la evolución de esos niños cambiando, adaptándose, cumpliendo años, cómo llegaban a la adolescencia... Hace unos años, leí el libro "Las hijas del Yang-tsê" de Xue Xinran. Esta mujer entrevistaba a madres que habían abandonado a sus hijas en China. Después de leer cada una de esas historias, me quedaba en el aire qué habría sido de esos hijos. Entonces, me dije, voy a contar la otra parte: qué es de esos niños hoy en día, dónde están, en qué países... La mayoría de las personas, cuando abandonan a un hijo, piensa que estará en un orfanato, pero muchas veces no se imaginan que puede estar en la otra punta del mundo. Es completamente diferente a lo que uno suele pensar en este tipo de casos, y de ahí surgió la idea.

En un libro que contiene 22 experiencias de familias adoptivas, ¿por qué no introdujo su experiencia?

Quizás por pudor. Si hubiera querido escribir mi historia en primera persona lo podría haber hecho, pero me parecía más interesante ver cómo les va a otras personas, como a Jordi Sevilla, que adoptó aquí en Madrid; Pilar Rahola, que adoptó en Barcelona y también en la antigua Unión Soviética; Pilar Cernuda, en República Dominicana; Ángel Expósito, en China; el padre Ángel, que es padrino de un niño en El Salvador; y a muchas otras personas que no son conocidas, y que tienen historias muy bonitas y otras muy tremendas.

¿En qué coinciden todas estas experiencias?

Son historias de valientes con mucho amor. Todas, incluso las que están ahora con graves problemas. Hay un gran amor por parte de los padres y, también evidentemente, por parte de los hijos. Hay niños que tienen problemas duros, lo que llamo ese plus emocional que trae el niño del orfanato y que en algún momento de su vida le sale. Estos niños son conscientes de lo que significa un abandono, por mucho que quieran a sus padres adoptivos, y eso les lleva a tener que digerir esa historia. Incluso en los casos más graves, niños con síndrome de alcoholismo fetal, como es el caso de algunos de Rusia. Niños que son problemáticos, que tienen un comportamiento que no es lo normal, y aun así ese amor persiste en los padres. Hay que acostumbrarse que no solo con el amor se solucionan los problemas. Sí, el amor te ayuda a saber que estás aquí, que eres un pilar al que puede agarrarse ese niño, pero necesitas especialistas. No nos tiene que dar miedo ir a un psicólogo. Aunque sean historias de valientes con mucho amor, en muchos casos no solo el amor puede sacar del problema a un niño.

De estas experiencias, ¿cuál le parece más dura?

Hay varias. Por ejemplo, el caso de Eduardo, que se titula 'Ni un solo momento de felicidad'. Este hombre y su mujer adoptaron a tres hermanas biológicas de Rusia. Las niñas, según él, venían de unas vivencias muy duras, sobre todo las mayores. Él se ha sentido utilizado por ellas en el aspecto emocional. Los problemas de la adopción rompieron el matrimonio. Las niñas se quedaron con el padre, pero luego le demostraron al padre, o así lo siente él, que no les importaba. Las chicas se fueron de casa al cumplir la mayoría de edad. De repente, aparecían para pedirle dinero, pero sin resolver sus problemas. Al acabar el libro, hablé con él y me dijo que había quedado con dos de sus hijas para ver si retomaban la relación. Aquí estaría lo positivo de esta historia.

El otro caso son niños con el síndrome de alcoholismo fetal (problemas físicos, mentales y de crecimiento que se pueden presentar en un bebé cuando la madre toma alcohol durante el embarazo) en niños procedentes de la antigua Unión Soviética. Es el caso de Montse Roca, que tiene un hijo con este síndrome. Un síndrome que hace que este niño pueda ser agresivo y necesite medicación, que corresponde a distintos tipos de enfermedades. Esta enfermedad no se puede tratar como una sola. Además, en España hasta hace poco no era reconocido como una discapacidad y crea muchos problemas, por desgracia.

¿Qué experiencia te ha llegado más al corazón?

Hay dos casos. Uno es el caso bueno de Yo yó, uno de las hijas adoptivas de Blanca Rudilla. Blanca trajo a Yo Yó para que la operaran del corazón porque estaba grave. En realidad trajo a dos niñas, pero una de ellas murió tras la operación de corazón. Yo Yó tuvo la suerte de sobrevivir, de tener unos padres maravillosos y unos médicos estupendos, que hacen que en el Hospital Niño Jesús la llamen la 'niña milagro'. El otro caso es el de Daniel, el protagonista del segundo capítulo, "el héroe del basurero". Él tiene sindactilia, es decir, le faltan algunas falanges de los dedos, y fue encontrado por un cuidador del orfanato en un basurero. Daniel, un niño maravilloso, va a ser el único hijo adoptivo que hable en la presentación de mi libro, que tendrá lugar el 28 de noviembre en la sede de la Comunidad de Madrid. Él ha sido adoptado de mayor, ya con más de diez años, y es el vivo ejemplo de que, a pesar de las dificultades que puedas tener en la vida y la falta de amor, el ser humano puede florecer cuando tiene las condiciones oportunas.

¿Por qué es tan difícil adoptar?

Eso siempre me lo he preguntado yo, pero con el tiempo te vas dando cuenta de que, a veces, es necesario ese tiempo. Es verdad que, según los países, los tiempos se hacen más largos o no. Es difícil, porque primero necesitas la autorización de tu comunidad autónoma, una evaluación psicológica y económica y, sobre todo, ver si la pareja es capaz de afrontar los problemas que puedan surgir con un niño adoptado. Evidentemente, te pueden surgir los mismos problemas con un hijo biológico, pero aquí está el plus emocional del niño abandonado y, evidentemente, esos requisitos hay que cumplirlos. No se decide a la ligera si una familia es idónea o no. Muchas familias se desbaratan porque no son capaces de afrontar los problemas que han surgido después de una adopción.

Dependiendo del país de origen, los plazos serán más largos o no. La media de espera, en adopción con necesidades especiales, es de un año y medio, y en adopción normal unos siete u ocho años. Ahora mismo no hay niños en los orfanatos. Niños mayores, niños con necesidades especiales, es lo que hay, en estos momentos, en adopción. Lo que sí que pido, y lo digo por los niños con síndrome de alcoholismo fetal, es que por favor el origen de esos niños sea serio, sea responsable. Si un padre preadoptivo quiere aceptar a un niño con determinados problemas, está en su derecho de saber todo lo que puede llevar ese niño a casa, en su maleta. Eso me parece fundamental, que te permitan, también, que pediatras del país de los padres adoptivos puedan examinar a esos niños, o por lo menos que haya unos protocolos para que sepas si el niño tiene necesidades especiales. Me parece muy injusto que una persona o un matrimonio que quiera adoptar a un niño, dándole todo su amor, después se encuentre con cosas que desconoce. Cosas tan graves como el síndrome de alcoholismo fetal.

Cuando hay hijos biológicos en la familia, ¿cómo se debe trabajar con ellos el proceso de adopción?

Haciéndoles partícipes en el proceso de adopción de su hermano.

¿Qué recomendaciones harías a unos padres que van a iniciar un proceso de adopción? 

Que tengan mucha paciencia, muy claro lo que quieren hacer y que estén dispuestos a todo.

¿Volverás a escribir sobre adopciones? 

La verdad es que me gustaría y, de hecho, aunque hay que esperar unos años, me encantaría hacer la segunda parte de este libro con los niños que aparecen en esas historias. Que ellos me hablen de su experiencia como hijos adoptivos. Me parecería muy bonito que pudiese ser esa la segunda parte.

(Fuente: www.madridiario.es)

Historias de adopción con (y sin) final feliz.

Están las historias conmovedoras, con niños que enamoran desde el primer día, pero también el testimonio de aquellos padres que desde que adoptaron no vivieron ni un momento de felicidad. La diversidad de las historias reunidas por Olvido Macías en su libro Vidas Unidas (Lid Editorial) permite hacerse idea de lo diferentes que son las peripecias vitales de los niños que necesitan encontrar una familia distinta a la de origen, y de las familias que los reciben.
Madre biológica y adoptiva, la periodista de Onda Cero echaba de menos testimonios en primera persona sobre la evolución de los niños adoptados en nuestro país. «Quería escribir un libro donde se viese cómo son sus vidas desde que llegan a su nuevo hogar hasta la adolescencia, con sus luces y sus sombras», explica. El resultado es esta dura y a la vez maravillosa obra, donde se recogen 22 testimonios sin paños calientes, y donde se demuestra que no todo lo que ocurre en la adopción es «lo que se pide en el menú».
Unas veces con alegrías y otras con penas y sin final feliz, se van sucediendo las historias de niños procedentes de adopción nacional, internacional, distintas edades, con padres famosos (Ángel Expósito, Pilar Cernuda, o Anne Igartiburu, entre otros) o de familias anónimas... pero todas llevan al mismo lugar: a tomar conciencia de lo que supone para estos pequeños el abandono, y al amor inmediato que sus nuevos padres les dan.
Para la autora de Vidas Unidas, la adopción es difícil de explicar: «Quieres ser padre o madre de nuevo, o por primera vez. No es generosidad, o caridad, como me han dicho alguna vez: es llenar un hueco que nosotros como padres teníamos, lejos de una pertenencia de consanguinidad y cerca del deseo de pertenecer a un clan plagado de afectos».
Las familias del libro coinciden en señalar que cuando ven la carita del niño, se les olvidan todas las vicisitudes sufridas. «Es automático y equiparable al amor instantáneo que sienten unos padres cuando ven a su hijo después de dar a luz». Pero es verdad que la adopción, insiste Macías, «casi nunca es un camino de rosas, aunque afortunadamente, al ser un embarazo por igual de la pareja –si se cuenta con ella–, las dificultades se entienden y se sobrellevan mejor».
El libro surge también de la necesidad de esta profesional de explicar qué ocurre en la posadopción, «ese largo camino tan desconocido, tan lleno de amor y preocupaciones», según sus propias palabras. «En el tema de la adopción, pasa como en el posparto. Hay mucha información sobre el embarazo pero cuando uno llega a casa con su niño, no hay nadie para resolver las dudas. Nosotros tenemos embarazos administrativos muy lagos, y nos resulta fundamental que el diálogo con la administración sea constante, que no se acabe o se reduzca a mínimos cuando finaliza la adopción».
Uno de los ejemplos felices de este libro es el de Cristina y Luis. Después de varios años de espera, en 2005 consiguieron convertirse en padres de tres hermanas biológicas: Francine, Yamine, Sina. Más tarde llegó Uly. Hoy las cuatro son adolescentes pero pese a la edad, normalmente difícil de por sí, las niñas llevan bien su identidad (viajaron a su país de origen a conocer a su familia), son buenas estudiantes, y no están surgiendo grandes problemas.
«Estamos muy unidos y creemos que eso ayuda en su crecimiento personal», asegura Cristina. A raíz de su historia y de conocer la realidad de Madagascar, el país de procedencia de las menores, decidieron crear Malaria.40(www.malaria40.org), una organización sin ánimo de lucro que promueve la salud, la educación el desarrollo social en aquel país y que está ultimando un concierto para recaudar fondos.

El testimonio de Blanca Rudilla es el primero en aparecer por orden cronológico. Su relación con la adopción comenzó, como la de tantas otras familias españolas, tras ver «Las habitaciones del horror», un reportaje que se emitió en Documentos TV en 1995. A partir de ahí, se puede decir que esta mujer es «la madre de todas las adopciones internacionales en España», además de la fundadora de la Asociación Para el Cuidado de la Infancia (ACI). Fue la pionera y ha encontrado familia para 7.000 niños de diferentes países, sobre todo procedentes de China. Ella misma tiene tres hijos biológicos, Rodrigo (19 años) Lucía (17) y Di ana (15 años, a los que después se sumaron Xiao, ahora con 12, y Blanca Jiao, cariñosamente llamada Yo Yó, de 5. 

Pero no todas las historias son como estas. Está también la del desencuentro, la de las buenas intenciones, de buen corazón, pero fallida. Es el caso de Eduardo, su exposa Susana, y sus tres hijas adoptivas, a las que prohijaron con la intención de «ofrecerles una vida mejor». Escucharle es sentir su sensación de «fracaso»: su mujer le abandonó y ha tenido numerosos problemas con las chicas. Siente que ha pagado un precio muy alto por abrir su corazón, pero tiene la conciencia tranquila. Al cierre de este libro, se está produciendo un acercamiento entre Eduardo y sus dos hijas mayores.

El relato de este hombre, el de Olvido, el de Blanca, el de Pilar... A su manera, cada uno de los 22 testimonios de «Vidas Unidas» nos impulsan, en definitiva, a una profunda reflexión sobre el largo camino la adopción y a todo lo que esta medida de protección de la infancia supone.

Disminuyen las adopciones tanto nacionales como internacionales

Antes, explica Blanca Rudilla, «había listas enormes de niños que esperaban a padres. Ahora son los padres los que esperan a los niños. Hay orfanatos en los que ya no quedan bebés y donde se apilan las cunas unas encima de otras, algo impensable hace unos años», asegura Blanca Rudilla. Porque aunque pueda parecer lo contrario, no hay tantos niños adoptables como adultos occidentales deseando adoptar. «Por eso las listas de espera son largas, salvo que los adoptantes se hayan ofrecido para niños mayores o con especiales necesidades», indica Antonio Ferrandis, jefe de Adopciones de la Comunidad de Madrid. «Hay que insistir –recuerda este experto–, en que la adopción es una medida de protección a la infancia y no una modalidad de reproducción asistida. Para los niños que carecen de una familia adecuada, se trata de la medida más drástica de protección, que extingue su vinculación con la familia de origen y, en el caso de las adopciones internacionales, los separa del entorno en que han nacido y crecido». 

Lo cierto es que, según mejora la protección a la infancia, las adopciones internacionales se van reduciendo en número y aumentando en complejidad, puesto que los niños más pequeños, con menor historia de adversidad y ruptura, sin especiales necesidades de atención sanitaria y educativa, encuentran familia adoptiva en su propio país. «No debe caerse en la trampa de buscar a toda costa nuevos países donde dirigir las peticiones de adoptar, aunque carezcan de garantías éticas y legales», advierte Ferrandis. 

En España, explica este experto, «afortunadamente superadas las causas de los abandonos de antaño por pobreza o estigma social, disminuyen las adopciones convencionales, pero hay que encontrar familias para niños con especiales necesidades que difícilmente responden a la expectativa tradicional del “bebé sano lo más pequeño posible”. Son niños que necesitan un hogar temporal hasta regresar a su entorno, o mantener la relación con su familia de origen, o cuyos problemas de salud o discapacidad requieren atención, o que manifiestan dificultades emocionales o de conducta. «El verdadero desafío al que se enfrenta el sistema de protección es encontrar e identificar a las familias dispuestas a acogerlos o adoptar a estos menores», concluye.

(Fuente: www.abc.es)


sábado, 7 de noviembre de 2015

«Hay gente maravillosa que no le importa que sea adoptada, ni china».

Así afrontan la adolescencia los primeros niños adoptados por familias españolas. He aquí sus vivencias.

Miles de niños fueron adoptados por las familias españolas a finales de los noventa y primeros años del siglo XXI. Entonces una aventura que nadie sabía cómo iba a acabar, y sobre la apenas existían experiencias, mas que en Estados Unidos y Suecia. Los niños que junto a sus familias afrontaron este reto se han convertido hoy en adolescentes. Y encaran esta etapa de la vida como todos los demás chicos de su edad

La Asociación para la Defensa y el Desarrollo de la Adolescencia y la Infancia (Addai) les ha dado voz en una jornada celebrada en Madrid, donde chicos adolescentes que han sido adoptados contaron sus vivencias y experiencias. ABC ha recogido dos testimonios de dos chicas que :

«Es una botella de gaseosa agitada en plena ebullición». Esta es la simpática definición que Carmen hace de su hija Beatriz, un niña adoptada de China que está a punto de cumplir los 17 años. A la familia llegó en 1999 con poco más de un año y tras un proceso que duraba entonces más bien poco: los nueve meses de un embarazo, pero tras una serie de pruebas de selección que a estos padres les hace entender su maternidad y paternidad de forma diferente. «A los padres biológicos nadie les hace un test, ni estudios, ni exámenes... para tener hijos», se queja en cierto modo Carmen.

Beatriz sufre ahora su adolescencia como cualquier niña de su edad, una época difícil en la que busca su propia identidad. Dice Carmen que hay días en que «nada le parece bien, que quiere pero luego ya no quiere...». Sin embargo, como a todo hijo, sus padres le prodigan un amor incondicional y se deshacen en halagos hacia ella. «Es inteligente, sensible, responsable... Tengo mucha suerte —dice Carmen—. Además, Beatriz no es una joven problemática».

Beatriz 

estudia 1º de Bachillerato 

Internacional, canta en un coro, le apasiona el Arte (algo que le viene de su madre, como ella misma reconoce, es profesora de historia), le gusta el baile y viajar, comenzó a estudiar chino y lo quiere retomar, su color preferido es el azul... Y es 

«muy feliz»,

afirma la joven. «Me considero afortunada —dice—, doy muchas gracias por la familia que me ha tocado. Me podía haber tocado unos padres menos cariñosos o que no me mimasen tanto. 

Mis padres me cuidan muchísimo.

Quiero que sigan disfrutando de la vida conmigo, porque estando solo nadie es feliz».

Sin duda no es todo de color rosa, como ella misma reconoce. Ahora en la adolescencia, la relación con sus padres «tiene sus altibajos, pero en general nos llevamos muy bien. Aunque discutamos por tonterías, ellos son mis padres, quieren lo mejor para mí y son mi mejor apoyo».

Beatriz aún no ha decidido qué carrera estudiar, sin embargo sorprende que a su edad ya tenga maduradas cuestiones que determinarán el resto de su vida. «No me voy a rendir —insiste—, quiero conseguir que mi vocación sea a lo que me dedique toda mi vida, algo que me llene por dentro y por fuera». Y no descarta ninguna opción para su futuro, como asentarse el día de mañana en alguna ciudad extranjera.Nueva York y Londres parecen las candidatas.

Su origen chino le ha traido algún episodio incómodo en la vida. Pero esta joven no se amilana por ello. «Si no haces frente, nadie te va a defender, tienes que aprender a lanzarte. No voy a dejar que nadie me derribe porque soy china, tengo los ojos rasgados o el pelo negro —se defiende—. Siempre hay gente que quiere destrozar tus sueños, pero si les demuestras voluntad no pueden. También hay mucha gente maravillosa que no les importa que sea adoptada, ni china. Esas son las personas que me gustan».

"Con la adopción se forma una familia como cualquier otra"...


(Fuente: ABC) Artículo del 16 enero 2015.